Cuaderno de noche


 

 

Tu voz a dentelladas

 

 

Vampiro de tu voz, morderla

Besarte las cuerdas vocales, soprano

Inaprehensible, el agua de la vida

La lluvia saciando los huesos, marinos

Mares como viajes insondables, el canto del tiempo

La muerte merece ser muerta

Haberte escuchado, no podré olvidar el tañido

Los puentes pueden caer, vararse los trenes

Oírte de nuevo, doy cuerda… clepsidra

 

Un guijarro

 

Un guijarro como un puente
va de tu pecho a tu espalda,
y crees que llegado es el dintel.

Pero no, porque no te abandonará
esa luz y oro de septiembre
que se funde indecible durante tantos otoños.

Crees que el guijarro deberías ser tú,
pero su filo pulido no eres tú, quien se duele.
Olvidas que también eres el río
que esculpe el canto rodado
que te late.

Es verdad, río y puente y dolor y guijarro
son nombres de tu vida.
Y el arco de álamos lentos de Machado,
de silencio y significado.

 

 

 

El tiempo de los trenes

 

El tiempo de los trenes es el de mis zapatos. Caminar, tomar un autobús o entrar al metro. El reloj se aja lentamente, o no, pero hay tanta gente que mientras has estado pensando en algún cuchillo, en llenar de piedras sus bolsillos, o simplemente se ha dado cuenta de que no puede pensar en el dolor intermitente que sufre de 9 a seis. Entras en la estación, la taquillera con los pájaros en sus ojos que no pudiste olvidar, mientras su mejilla te interroga. Pero callas, porque una palabra no dicha lo explicará mejor.

El andén, tu vida y la de todos. Esperando, andando, leyendo, besando, hasta que llegue el tren y os lleve. Tiempo y trenes, y un faro inesperado destellando al meter una mano en el bolsillo de los crepúsculos. Sube al tren, pronuncia su nombre en secreto, tal vez veas tu rostro mirando melancólicamente por la ventana. Pero ocurre pocas veces.

 

 

 

Salgamos al cobalto de la noche

Salgamos

al cobalto de la noche,

a que nos informe

del desamor que

nos espera.

Del desamparo azul

y frío de la brisa de Chopin

que congela la infancia

cuando nadie contestaba.

De las esperanzas desamparadas

de calendarios siempre abiertos,

los trenes que traían los sueños

temblando en la niebla matinal,

el desamparo de sueños 

tan mal escritos, o, ¿eran en 

otro idioma?

Salgamos a la noche gélida

que nos aguarda con ojos

oscuros y abiertos, con toda

la sabiduría repentina y clara

de los ahogados.

Salgamos al cobalto

de la luna ausente,

esa espada penetrante

que nos reserva metales

desde el corazón de la nieve,

que nos entregará

el desamor perpetuo

y el engranaje seco

de todas las preguntas,

y el vaho

de las respuestas exhalándose.


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s