Nunca he visto el mar

 

 

He entregado mis sueños a la noche,

como barcos cuyo destino es naufragar.

He dejado que la marea los arrastre,

que la tenue mirada de la luna

los aleje con las horas que no tienen final.

 

 

Por eso, durante el día

voy recalando en las islas,

sabiendo que hay un océano

devorando mis sueños, mis naves.

Todas las noches oigo batir el oleaje,

cuando las tumbonas crujen de frío y soledad.

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