Cesare Pavese en tus ojos

Cesare Pavese en tus ojos marinos,

y la niebla de Milano en tu voz, invernal,

como un acento de distancia que te difumina

hoy que vuelvo a verte, en estos instantes 

ya huyentes, y tú con ellos.

 

 

Hoy es un buen día para escribir

poemas melancólicos, cuando la lluvia impregna.

Cuando la húmida y lenta mañana

navega como un recuerdo sobre mis manos frías.

Como una estatua de ceniza traspasándome

con sus ojos muertos, su quietud gris

después de olvidar el tiempo, las estaciones.

 

 

Hoy es un buen día para escribirte.

Para callar sobre la carta de un amigo lejano,

para sentarse y mirar los trenes en sus vías muertas,

que no podrán llevarnos adonde están ellos,

los amados amigos que un impasible corcel alejó.

 

 

Cómo quisiera conocer alguna respuesta,

declarar cómo puedo vivir bajo las máscaras,

por qué las mañanas siguen sucediéndose,

sin ningún signo, ningún párpado esperando

siquiera en los más recónditos rincones,

siquiera el silencio de alguna plaza sola

sea tañido con la melancolía de saberte irrecobrable.

 

 

Únicamente esta punzada, esta súbita daga

en un día lluvioso, como hoy. Como  hoy, memoria.

 

 

Ojalá llueva donde estás, algún puente,

aunque sea frágil, como esta jornada mojada,

hospedándonos, aunque sea un instante,

de las incesantes lanzas de los días,

de sus heridas como mares, separando.

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