El tiempo de los trenes

El tiempo de los trenes es el de mis zapatos. Caminar, tomar un autobús o entrar al metro. El reloj se aja lentamente, o no, pero hay tanta gente que mientras has estado pensando en algún cuchillo, en llenar de piedras sus bolsillos, o simplemente se ha dado cuenta de que no puede pensar en el dolor intermitente que sufre de 9 a seis. Entras en la estación, la taquillera con los pájaros en sus ojos que no pudiste olvidar, mientras su mejilla te interroga. Pero callas, porque una palabra no dicha lo explicará mejor.

El andén, tu vida y la de todos. Esperando, andando, leyendo, besando, hasta que llegue el tren y os lleve. Tiempo y trenes, y un faro inesperado destellando al meter una mano en el bolsillo de los crepúsculos. Sube al tren, pronuncia su nombre en secreto, tal vez veas tu rostro mirando melancólicamente por la ventana. Pero ocurre pocas veces.

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